En general, todo el tema de los eventos de empresa con el fin de estrechar lazos entre trabajadores y convivir en un ambiente diferente al de la oficina suelen dar bastante pereza a la gente. Y digo en general porque una, que es un poco simplona, la verdad es que a veces disfruta hasta de hacer la "o" con un canuto. En Jazztel nos llevaban a Xanadú a esquiar sobre nieve artificial, en Turner tiraron este año por el parque Warner, otros se lanzan con el paint ball, deportes de riesgo...

Cuando en The Cocktail nos hablaron del Wild Congress yo sinceramente me imaginé un par de días entregados al alcohol, las congas, las risas y alguna resaca que otra. Hoy, ya de vuelta y con la poca perspectiva que da el único día que ha pasado, he de decir que ha sido una experiencia super enriquecedora a nivel humano y profesional (dejando aparte, por supuesto, el lado "wild" que ya llevaba implícito).

El ritmo ha sido serio y hemos aguantado como campeones. Pero es que es bonito oir hablar a tus compañeros de su curro, de lo que les gusta, lo que les gustaría hacer, lo que les hace disfrutar, las ideas que les rondan día a día su cabeza... Es bonito entender un poco (poco) mejor su trabajo y es emocionante ver tanto talento a tu lado y sobre todo, tanta pasión por lo que hacen. Los relatos y el pepino de Nando, los fuegos de la Ruby, el cariño de Mamuso, los regalos de Jero, la cena de Joaquín... Si esto además se ve regado por vino blanco, tinto, comidas espectaculares, mucho queso para Keko y Pepe, el palito del amor de Simplelógica, los bailes agarraos y el anuncio de un nuevo mini-cocktail que pronto vendrá al mundo, pues la cosa se pone seria

En algún momento he llegado a sentirme acomplejada por la naturaleza gris de mi papel en el grupo y en lo poco que puedo aportar a toda esta gente... Pero en seguida he pensando en que siempre puedo ponerme a hacer el helicóptero en medio de un bar mientras María me sujeta la falda. Cada uno para lo que sirve, oye.

Posiblemente en 3 meses me estaré cagando en todo y quejándome de este proyecto, ese cliente o aquel retraso; de mal humor sin motivo y con menos ganas de hacer cosas... Pero entonces volveré a este post edulcorado y pensaré que algún poso de todo esto debería quedarme por ahí perdido.

La próxima, que no falten el resto de TCK que aunque formalmente no estén dentro, se les termina echando de menos, mal que me pese (furilez, blarrr, rocardo, rober, análisis...).
Ah, y si vuelve a ser en Toledo, que se haga casting de camareros para evitar los tétricos y bordes hosteleros con los que hemos coincidido, que nunca te servirán licores aunque se paguen aparte.

Fotos: Luis Villa y Jorge Correa